sábado, 8 de marzo de 2008

Hebaristo, el sauce que murió de amor


Uno de los días que más recuerdo fue aquel en que un joven me contó la historia de un tal Evaristo, que vivía en un pueblo y trabajaba en una farmacia. Era un tipo joven pero triste, principalmente porque se había enamorado profundamente de una chica a quien pudo ver muy poco, que solo estuvo un mes y medio en el pueblo, siendo obligada a partir.


Lo que más me llamó la atención fue que también me habló de otro Hebaristo, un sauce, que tenía mucha semejanza con el joven, principalmente porque también esperaba inútilmente la llegada del "polen del amor". Tenían la misma edad (unos 30 años), aires melancólicos, taciturnos. Ambos solían escuchar a sus visitantes, uno en la farmacia, el otro en el campo. Ambos eran solitarios (incluso Hebaristo era el único sauce en un área extensa).


Llegó la desilusión, el envejecimiento. Compartian diariamente sus momentos de soledad. Hasta que un día Evaristo dejó de visitar al sauce, que ya había dejado avanzar la sequedad. Y ese mismo día Hebaristo fue cortado, llevado a una carpintería que confeccionaba ataúdes, acabando su madera como ataúd de su compañero.


Se que la historia es triste, pero ninguna mejor que ella refleja lo que siento algunos días. Soledad, esperar algo que nunca llega, sentir pasar los días sin mayores cambios... pero también -y eso es lo bueno- los lazos que me unen con alguno de ustedes...

2 comentarios:

Ombusía dijo...

Saludos, Ombú. Gracias por tu comentario en nuestro blog. He estado echando un vistazo al tuyo, y algunas entradas me han gustado bastante. Tu forma de narrar es sencilla y profunda, muy oral. Esta entrada, por ejemplo, es un cuento precioso.

Anónimo dijo...

olaz !!
bueno por primera vez que veo tu pagina y me a parecido muy bonita tu como dice el comentario de abajo tienes una manera de narrar las cosas muy lijero, entretnido y agil gracias por este documento poruqe me va a servir para mi exposicion.
atte.angie